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Pabellón Alemán Barcelona
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Sobre el basamento, Mies proyecta una serie de muros que
parecen deslizar entre ellos, con el fin de organizar el espacio buscado.
En este juego de muros, también se incluye la cubierta, que actúa
como un muro horizontal deslizándose sobre los verticales.
Estos muros guardan entre sí una relación de perpendicularidad
y su disposición crea dos patios dónde el arquitecto proyecta
dos láminas de agua que potencian la horizontalidad del conjunto,
además de conseguir unos efectos reflectantes, que son constantes
en todo el Pabellón, gracias a la textura de la superficie de los
materiales utilizados, la piedra natural y los diferentes tipos de vidrio
llegan a tener la misma propiedad reflectante de las láminas de
agua.
La planta y los diferentes alzados guardan una misma lectura. La planta
está formada por superficies y líneas al igual que los alzados,
lenguaje utilizado es el mismo.
Los muros que configuran el espacio son independientes de la trama estructural
formada por los famosos pilares cruciformes diseñados por el propio
Mies.
La cubierta está concebida como un muro más que apoya sobre
esta trama estructural.
Estos planos verticales y horizontales consiguen que el espacio fluya
manteniendo siempre una continuidad que no se rompe en las transiciones
del interior al exterior.